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EditorialSIGLO DEL HOMBRE
Encuadernación344
ISBN9789586655514
TemáticaPOLITICA
Contenido
Descripción del libroRUSTICA
ResumenEste libro relata la historia de dos pueblos que firmaron un pacto de reconciliación en 1998 en medio de los enfrentamientos entre la guerrilla y los paramilitares. A través de los acontecimientos que transcurrieron en El Castillo y El Dorado, región del Alto Ariari situada en el departamento del Meta, se muestra cómo en Colombia existe una larga experiencia en construcción de paz promovida por las comunidades que han resistido de las maneras más creativas e inusitadas al conflicto armado durante décadas.
Año de publicación1RA
Nota biográficaTatiana Duplat es claramente una historiadora a la que le gusta la gente. Se ha ido transformando a lo largo de su vida porque es multifacética, pues además, es música, gestora social, académica, empresaria, esposa y madre. Me gusta tanto la gente que nunca pude sentirme bien en el archivo, cuna del historiador y lugar donde ejerce su disciplina, y salí siempre a buscar a las personas. Lo mío es la historia oral del siglo XX enfocada en la cultura, la radio, la televisión y el trabajo comunitario. Pero también lo es la música, un legado maravilloso de mi familia paterna. Nací en 1971 en Bogotá en el barrio La Esmeralda, curiosamente donde están ubicadas las instituciones en las que hemos trabajado mis papás y yo. Mi mamá, Esperanza Ayala Torres, perteneció a la generación fundadora del ICBF gracias a su diploma de la Universidad Nacional como primera nutricionista en el país, cuando hizo parte de un programa del gobierno del Presidente Lleras vinculado al fortalecimiento del Instituto Nacional de Nutrición y la formulación de una política pública de nutrición. Estuvo encargada también de un programa de televisión en INRAVISION, en el que hablaba de temas de su especialidad. Como el canal quedaba tan cerca de la casa, por lo general ella me llevaba allí, al mismo edificio donde muchos años después trabajaría yo como directora de Señal Memoria. Mi mamá es hija de un hacendado boyacense, productor de tabaco y notario en Soatá, Norte de Boyacá. Mi abuela, Teresa Torres, pertenecía a una familia muy ilustrada, siempre interesada en la formación. En esa familia había poetas y pensadores y, aunque mi abuela no fue a la escuela, fue educada por buenos maestros que iban a la casa. Le gustaba mucho la geografía y la historia, y cuando le dije que quería ser historiadora, se sintió muy orgullosa de mi y de ella. Mi mamá es la menor de siete hermanos, uno murió bebé y otro fue víctima del coletazo de la violencia que se vivió entre liberales y conservadores en los años cincuenta. Pese al origen conservador de su padre, fue educada de manera muy liberal para convertirse en la primera mujer de su familia en asistir a la universidad. El primo de mi abuela materna, Calixto Torres Umaña (papá de Camilo Torres), fue un médico especializado en puericultura (ciencia que cuida la nutrición y la salud de los niños y de sus madres), es probable que eso inspirara a mi mamá a estudiar nutrición. Cuando mi mamá dijo que quería ir a estudiar filosofía a Tunja, pues consideraba que el país necesitaba un cambio, seguramente influenciada por los suyos: humanistas y escritores, el Gobernador de Boyacá, que era amigo de la familia, le dijo manera enfática: “Si usted quiere realmente participar en la revolución de este país, estudie nutrición y dietética”. Para ese momento estaban implementando, con el Presidente Lleras, un plan dirigido a diseñar la política pública de salud y bienestar, financiado por la Alianza para el Progreso como una manera de responder a las tensiones sociales y evitar la confrontación. Convocaron a una beca en todo el territorio nacional y quienes se graduaran con honores quedarían vinculadas al proceso. Ya se cuentan más de cincuenta años y hace poco rindieron un homenaje a aquella primera promoción de la que hizo parte mi mamá. Ella recorrió el país rural con un metro en una mano y una balanza en la otra, tallando y pesando niños. Fue así como recogieron manualmente la información, vereda a vereda, departamento por departamento, obedeciendo a toda una metodología. Tan pronto se graduó, el doctor Rueda la llevó a Bienestar Familiar. Mientras estudiaba y rotaba por los hospitales de Bogotá conoció a mi papá que estudiaba medicina. Cuentan que fue amor a primera vista. Trabajaron siempre en el mismo hospital y en el mismo consultorio, y compartieron por cincuenta años hasta la muerte de él. Alfredo Duplat Villamizar, mi papá, nació en Cúcuta. Sus ancestros tienen origen francés y cuentan que a principios del siglo XX, estuvieron vinculados a la construcción del Canal de Panamá, aunque la fiebre amarilla acabó con ese proyecto. Mi abuelo, que era de Maracaibo, se estableció en Cúcuta y se vinculó al proyecto de su familia que operaba el servicio de energía eléctrica. La Luz Duplat fue la primera empresa que prestó el servicio de energía en esa ciudad a principios del siglo XX bajo la modalidad de concesión. Mi papá creció en la finca Los Colorados donde estaba la generadora de energía, lo que hizo que aprendiera en detalle sobre mecánica y física, y este gusto lo hizo decidir ser ortopedista (rama de la medicina estrechamente relacionada con la mecánica). Fue pionero de la ortopedia en Colombia, hizo parte de la primera generación de ortopedistas con título y vivió el cambio que formalizó la profesión y en el que las ciencias de la salud se volvían más complejas, más especializadas. Mi abuelo murió cuando mi papá tenía trece años por lo que le tocó a mi abuela criar sola a cinco muchachos. Contaba mi papá que durante un tiempo se dedicó a vender música clásica por catálogo. Al ser descendiente de alemanes se le facilitó vender los discos de la Deutsche Grammophon, la casa disquera que ofrecía por catálogo música clásica, modalidad utilizada también por el Círculo de Lectores. Los discos llegaban a la casa de mi papá y él contaba que los oían antes de venderlos con el argumento de verificarlos y así evitar entregarlos en mal estado. Como claramente Cúcuta no iba a ser el mercado para la música clásica, mi abuela vino a vivir a Bogotá y se vinculó como asistente a la Corte Suprema de Justicia. Contaba mi papá que parte de su tarea consistía en levantar actas a mano, con una caligrafía preciosa, y luego archivaba y custodiaba estos documentos. Mi papá, por su parte, consiguió una beca en el Colegio Mayor de San Bartolomé donde tuvo acceso a grandes maestros y aseguró su entrada a la Universidad Nacional. Crecí como testigo del amor incondicional de mis padres pero también de los bemoles de compartir tantos años y tanto tiempo al día con la misma persona. Tengo un hermano tres años mayor, Leonardo, es cirujano de columna y es mi versión en rubio, dicen que somos el positivo y el negativo de la misma foto. Cuando cumplí dos años nombraron a mi papá profesor de la Universidad del Cauca y fue en Popayán donde nació mi hermano menor, Alfredo, aunque yo le sigo diciendo Dito, cinco años menor. Tenemos muchas afinidades con Dito, nos parecemos físicamente, pero además estudiamos en la misma universidad, él literatura y yo historia, y profesionalmente nos hemos desempeñado en campos cercanos; así que además de mi hermano, es mi colega. Estando en Popayán se encontraron con las complejidades y tensiones de un territorio siempre conflictivo, la situación se vislumbraba muy compleja y mis papás no querían que creciéramos en ese ambiente tan convulsionado, así que en el año 1976 salimos del país.
AutorDUPLAT AYALA, TATIANA
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Referencia: 9789586655514-3438

PAZ EN LA GUERRA

Vendido por: Libreria Lerner

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