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EdadVARIOS
EditorialETERNA CADENCIA
Encuadernación118
ISBN9788412846225
TemáticaLITERATURA LATINOAMERICANA
SalaSALA INTERES GENERAL
Contenido
Descripción del libroRÚSTICA
ResumenAmanece, una mujer prepara un desayuno perfecto para su marido y su hijo, pero las cosas nunca son lo que parecen y el horror aguarda pacientemente para mostrar su peor cara. Un intercambio epistolar a lo largo de los años mantiene vivo el vínculo entre dos mujeres que se conocen de una manera tan entrañable como solo la verdadera amistad lo hace posible. En medio de una guerra, un soldado japonés cumple sin objeciones una orden tan precisa como incomprensible mientras descubre que la manera en que medimos el tiempo no necesariamente es siempre acertada. Fragmentos de una larga conversación entre una empleada doméstica y su empleadora sugieren mucho más que lo que dicen, aceptan mucho menos de lo que denuncian. Los cuentos que componen este libro, el primero que publicó Alejandra Kamiya, pronostican lo que será un estilo con marca propia, tan despojado como potente, tan sereno como sorprendente.
Año de publicación2025
Nota biográficanació en Buenos Aires y se formó en el mítico taller de Abelardo Castillo y en el taller de Inés Fernández Moreno. Ha publicado los libros Los que vienen y los que se van: historias de inmigrantes y emigrantes en la Argentina (2008); Los restos del secreto y otros cuentos (2012); Los árboles caídos también son el bosque (2015) y El sol mueve la sombra de las cosas quietas (2019). Sus relatos han recibido los siguientes premios: 1º Premio en el Concurso de cuentos Cencosud. 1º Premio en el Concurso de cuentos UCA – SUTERH. 2008. 1º Premio en el Concurso de cuentos de Feria del libro de Buenos Aires. 2009. 1º Premio en el Concurso de cuentos Fondo Nacional de las Artes.(junto con otros dos premiados) 2010. 1º Premio en el Concurso de cuentos Metrovías. 1º Premio en el Concurso de cuentos Max Aub. 2011. Mención en el Concurso de cuentos Fundación Lebensohn. Su estilo estético, en todo aspecto, se lee en su obra y se reconoce en su hablar. Un placer leerla y escucharla. Vean.
—Tus relatos se destacan por apelar a la simpleza, para luego terminar con un final apoteótico, ¿cómo lográs esa habilidad narrativa?
—La simpleza es algo a lo que apunto. Podríamos decir que es como un objetivo. Me interesa la simpleza en general. Incluso estéticamente y espiritualmente. El tema de los finales, no es algo a lo que apunte específicamente. Lo que a mí me interesa más profundamente –como bien destacás–, es la simpleza. El espíritu del relato, mucho más que el juego final.
—Muchos de tus relatos juegan con los personajes y la narrativa, así logran sintetizar una gran historia en tres páginas. Esa no es una tarea simple. Pero además de relatos, ¿acaso escribir una novela?
—Claro, que los relatos sean cortos no los hacen más simples, al contrario, los hace más intensos y de algún modo más complejos. Justamente, ahora estoy pensando en escribir una novela, y siento que tengo demasiado espacio y tiempo. Me siento como un poco perdida. En cambio en el cuento todo es tan acotado, que es como si no tuvieras tiempo para perder. En los talleres siempre digo que escribir un cuento es como ordenar un espacio muy chiquito: Tenés que tener muy pocas cosas, muy importantes, muy bien ordenadas, muy bien presentadas, muy hermosas, poco y muy claro. Cuando tenés un espacio enorme es más complicado, o tal vez es otro tipo de complicación.
—La simpleza y el orden en la estética. ¿Es por herencia cultural? Escribiste algo muy lindo acerca de tu padre de origen japonés: “Mi padre eligió quedarse en esta tierra por mi mamá, y otros motivos. Los busco. Una vez me dijo que se había quedado por el puente que está frente a la Facultad de Derecho en la avenida Figueroa Alcorta, y porque en un bosque del sur (creo que en Bariloche) los árboles que se caen no son retirados sino que se dejan para que formen parte del paisaje. Los árboles caídos también son el bosque”.
—A veces me preguntan acerca de la influencia japonesa, pero cuando uno escribe no conoce realmente la influencia que recibe o sus motivaciones más profundas. Casi todo lo que hacemos tiene muchas motivaciones inconscientes, que por tanto son invisibles. Yo no puedo hablar mucho de mis influencias más que como cualquier lector: a posteriori. Leo algunos de mis escritos y digo “Eso suena bastante japonés” (risas). No es que tenga esa postura para escribir. Intento ser lo más genuina y honesta posible al escribir y tal vez a posteriori es que puedo analizar y reconocer alguna influencia.
—Me parece algo muy rico poder contar con una influencia cultural que pueda transmitirse a veces a tu escritura. ¿Sentís alguna exigencia respecto a eso? ¿Sentís que tenés que escribir haikus?
AutorKAMIYA, ALEJANDRA
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Referencia: 9788412846225-3438
LOS ARBOLES CAIDOS TAMBIEN SON EL BOSQUE
Vendido por: Libreria Lerner
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